Un error frecuente sobre el protocolo
Cuando se habla de protocolo muchas personas piensan inmediatamente en algo rígido, complicado o excesivamente formal.
Esta percepción es bastante habitual, pero no es del todo correcta.
El Protocolo no es una estructura rígida e inmutable. Es un conjunto de normas, costumbres y símbolos que reflejan la forma en que una sociedad se organiza y se relaciona en cada momento histórico.
Por eso el protocolo evoluciona junto con la sociedad.
El protocolo como reflejo de la sociedad
Las normas protocolarias no surgen de forma arbitraria.
Se construyen a partir de las necesidades de organización y convivencia que aparecen en los distintos ámbitos de la vida social.
En función del contexto podemos encontrar diferentes ámbitos de aplicación:
Protocolo social
Se refiere a las formas de comportamiento aceptadas en las relaciones interpersonales. Muchas de estas normas no están escritas, pero forman parte de las costumbres sociales.
Protocolo oficial
Se aplica en el ámbito institucional y político. En este caso el protocolo incorpora un fuerte componente simbólico que permite representar las estructuras de poder y organización del Estado.
Protocolo empresarial
Se desarrolla en el ámbito de las organizaciones y empresas. Combina elementos del protocolo social y del protocolo institucional para ordenar las relaciones profesionales y la imagen corporativa.
Adaptarse a cada situación
Una de las características más importantes del protocolo es su capacidad de adaptación.
Cada acto, cada encuentro y cada contexto requieren decisiones distintas.
El protocolo no consiste en aplicar reglas de forma automática, sino en comprender la naturaleza del acto y ordenar adecuadamente sus elementos:
- las personas
- los roles
- los espacios
- los tiempos
- los símbolos.
El protocolo como herramienta de convivencia
Lejos de ser una carga o una complicación innecesaria, el protocolo facilita la convivencia.
Conocer las normas y costumbres de relación permite entender mejor lo que sucede a nuestro alrededor y actuar con mayor seguridad.
El protocolo ayuda a interpretar los gestos sociales, a comprender las jerarquías presentes en un acto y a relacionarnos con los demás con respeto.
Pero no todo vale
Que el protocolo sea flexible no significa que todo sea aceptable.
La flexibilidad del protocolo exige criterio, conocimiento y responsabilidad profesional.
La rigidez, la distancia o la intransigencia no pertenecen al protocolo.
Pertenecen a las personas.
