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Tacones y maquillaje en los eventos: una reflexión sobre libertad y protocolo

Hoy quiero compartir una reflexión personal sobre el uso de los zapatos de tacón y el maquillaje en determinados eventos.

Cualquier profesional de protocolo y cualquier persona que organiza un acto desea que el evento que está organizando sea un éxito. Ese éxito no solo depende de la organización, sino también de que las personas invitadas se sientan cómodas y puedan disfrutar de la experiencia.

En el espíritu del protocolo existe una norma básica: no se invita para incomodar.

Por eso resulta llamativo que, a pesar de este principio, muchas mujeres sigan sintiendo una presión social —no escrita— para asistir a determinados eventos con tacones y maquillaje.

Maquillaje y comodidad

El maquillaje puede ser una forma de expresión personal y muchas mujeres disfrutan utilizándolo. Sin embargo, también puede convertirse en una obligación social cuando se considera imprescindible para asistir a determinados actos.

Cuando el maquillaje se convierte en una exigencia implícita, deja de ser una elección personal y pasa a ser una norma social.

Además, en eventos largos o en condiciones climáticas complicadas, mantener un maquillaje perfecto puede resultar incómodo y obligar a constantes retoques.

Tacones y salud

Algo parecido ocurre con los zapatos de tacón.

Muchas mujeres los utilizan porque les gustan o porque forman parte de su estilo personal. Sin embargo, cuando el tacón se percibe como una obligación social, puede convertirse en una fuente de incomodidad o incluso de dolor.

Una persona que está incómoda difícilmente podrá concentrarse en el contenido del evento o disfrutar de la experiencia.

Donde manda la salud, el protocolo no tiene nada que decir.

Elegancia y libertad

El protocolo no debería imponer códigos que generen incomodidad innecesaria.

Su función es ordenar las relaciones humanas y facilitar el desarrollo de los actos, no imponer modelos estéticos únicos.

La elegancia no depende exclusivamente de unos centímetros de tacón o de un determinado maquillaje.

Depende, sobre todo, de la coherencia entre la persona, el contexto y el respeto hacia los demás.

Una cuestión de elección

Tacones y maquillaje pueden formar parte del estilo personal de muchas mujeres y eso es perfectamente legítimo.

Pero deberían ser siempre una elección libre, no una exigencia social.

Cuando las personas pueden acudir a un evento sintiéndose cómodas y seguras de sí mismas, es mucho más fácil que puedan centrarse en lo importante: participar, relacionarse y disfrutar.

Y ese debería ser siempre el verdadero objetivo del protocolo.o traje académico, uniforme militar, etc. La siguiente norma es la de la corrección. A partir de ahí, hay que ir descifrando el resto de claves que indicarán el código del evento, momento en el que entran otras variables, como la hora el día, al época del año, etc.

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