Hablar de protocolo es hablar de una disciplina que ha acompañado al ser humano desde sus inicios y que ha trascendido las cortes y el ceremonial para situarse en el corazón de las instituciones y de la comunicación estratégica. Durante mucho tiempo, se asoció a rigidez, fórmulas vacías y normas de etiqueta social. Hoy, sin embargo, el protocolo es un campo académico en expansión, una práctica profesional consolidada y un instrumento clave para ordenar relaciones, transmitir valores y proyectar imagen.
El protocolo en España ha evolucionado a lo largo de los siglos combinando tradición, normativa jurídica y adaptación a los cambios sociales.
Oficialización estatal: cuando el protocolo se convierte en norma
El paso decisivo en España lo marca el Real Decreto 2099/1983, de 4 de agosto, que aprueba el Ordenamiento General de Precedencias en el Estado. Este texto convirtió en norma jurídica lo que antes eran usos consuetudinarios, fijando con rango oficial la jerarquía entre autoridades y organismos. Como recuerda Blanca Cid Villagrasa, “el protocolo oficial ha pasado de ser un conjunto de prácticas consuetudinarias a un cuerpo normativo que articula el orden simbólico del Estado” (2015, p. 123 «El Protocolo Oficia» publicado en la Revista de la Asamblea de Madrid).
De este modo, el protocolo deja de depender de la tradición para inscribirse en el marco del Derecho público, con implicaciones directas en la legitimidad institucional y en la imagen del Estado.
La incorporación académica y la profesionalización
El Protocolo no solo se consolidó jurídicamente, también encontró su espacio en la universidad. España fue pionera:
- La Escuela Internacional de Protocolo (EIP), en Madrid, fue la entidad privada pionera en la enseñanza especializada de protocolo y organización de eventos. Fundada en el año 1996, comenzó a impartir una formación privada que pronto llegaría a la Universidad.
- Entre finales de los años 1990 comienzan a aparecer títulos propios universitarios, entre ellos el de la Universidad de Santiago de Compostela que, en el año 2002, ofreció el Título Propio de Especialista Universitario en Protocolo, abriendo las puertas de la universidad pública a la disciplina.
- Posteriormente, una universidad privada, en el año 2009, la Universidad Camilo José Cela, implantó el primer Grado Oficial en Protocolo y Organización de Eventos, avalado por la ANECA, hito clave para la oficialización universitaria de los estudios de Protocolo.
- En la década del 2010 se sumaron programas de la URJC, la UCAM y la UNED, consolidando una red académica que refuerza la vertebración científica de la disciplina.
Definiciones profesionales: un mosaico de voces
La riqueza del protocolo se refleja en la pluralidad de definiciones que distintos expertos españoles han formulado:
- José Antonio de Urbina lo definió como “aquella disciplina que, con realismo, técnica y arte, determina las estructuras o formas bajo las cuales se desarrolla una actividad humana pluripersonal e importante; con el objeto de su eficaz realización y, en último lugar, de mejorar la convivencia” (Urbina, 1994, p. 27).
- En el año 1999 María Teresa Otero Alvarado, presentó su tesis, pionera al plantear el estudio del Protocolo y Ceremonial como una materia científica «per se», penetrando en la Historia, el Derecho, la Sociología y la Comunicación.
- Para Alfredo Rodríguez, “hacer ‘protocolo’ es gestionar, de forma integral, un acto o acontecimiento en el seno de un organismo público o privado” (Rodríguez, citado en Aula de Protocolo, 2009).
- Carlos Fuente Lafuente amplía el concepto: “protocolo es el conjunto de normas, tradiciones, costumbres y técnicas que la sociedad y los individuos disponen para la organización de sus actos, su convivencia y sus relaciones internas y externas” (Fuente, 2005, p. 19).
- Carmen Portugal Bueno, en el año 2017, en una entrevista publicada en la web del IMEP (Instituto Mediterráneo de Estudios de Protocolo), afirmó que «el protocolo es orden y normativa. Orden ya sea del espacio, de las personas, de los símbolos o de la secuencia de un acto. Y normativa ya que recoge cómo plasmar y ejecutar ese orden«.
Pluralidad de aproximaciones
Este mosaico de voces confirma la pluralidad de aproximaciones: normativa, técnica, comunicativa y social. Todas convergen en la idea de que el protocolo es necesario para dar coherencia y orden a la convivencia institucional y social.
Flexibilidad y adaptación en la sociedad contemporánea
El protocolo no es inmóvil. Como recuerda Elena Borau en Revista Internacional de Protocolo, “se adapta a los nuevos tiempos, siendo más flexible y razonable, tal y como exige una sociedad moderna y globalizada” (2014, p. 66).
Asimismo, M. Teresa Otero Alvarado destaca que “todo evento, especialmente en el ámbito institucional, debe respetar los principios democráticos de orden y justicia que imperan en nuestra civilización, así como el equilibrio entre la tradición y los valores constitucionales” (Congreso Internacional de Protocolo, 2014).
Ambas aportaciones subrayan que el protocolo actual debe conjugar tradición con innovación, y orden con inclusión.
Mi conclusión sobre la evolución del Protocolo en España
La evolución del protocolo en España demuestra que esta disciplina no es un simple conjunto de formalidades, sino un sistema de organización simbólica que permite ordenar las relaciones institucionales y sociales.
Tras este recorrido normativo, académico y profesional, me atrevo a afirmar que:
“El Protocolo es una disciplina transversal y estratégica que, mediante normas, tradiciones y símbolos, ordena las relaciones interpersonales en sus diferentes ámbitos de convivencia para favorecer las relaciones interpersonales, llegar a acuerdos, transmitir valores y proyectar la imagen pretendida. Es una herramienta humanista de comunicación que se adapta a los cambios sociales y actúa como garante de los valores del grupo para la excelencia en las relaciones.”
Porque el Protocolo no es una barrera, sino un puente; no es rigidez, sino flexibilidad con sentido; no es adorno, sino herramienta estratégica para la comunicación y la convivencia.