Los errores profesionales no se olvidan fácilmente

Autora: Margarita Murillo García

Los errores profesionales no se olvidan fácilmente

Margarita Murillo. Los errores profesionales no se olvidan fácilmente

El contexto

He de confesar que alguno de mis errores me han ocasionado heridas profundas, algunas no han cicatrizado, porque los errores profesionales no se olvidan fácilmente, pero también, he podido aprender mucho de la profesión y de mí misma.

Hace un tiempo, en otro blog, compartí algunos errores que he cometido como profesional y, aquí repito el que más daño me ha hecho porque desde que lo publiqué muchas personas, del sector y otros sectores, me han dicho que les ha ayudado y eso hace que la mala experiencia, el error, haya valido la pena.

Un día, en el año 2015, en medio de una gran vorágine personal, donde mi trayectoria profesional se estaba quedando en un segundo plano, me llamó como cliente un proveedor. Era algo sencillo pero importante, colocar un determinado número de autoridades en un evento muy grande y, como muchas veces, no se daba tiempo al protocolo para conocer adecuadamente el acto para hacer su trabajo, por ello pedí ayuda a una colega, que se animó.

Tras la aceptación, los listados tardan en llegar, las horas pasan…Por fin llegan los listados, tarde (muy, muy, muy tarde para nosotras) y nos ponemos a trabajar. Una vez que terminamos, procedo a la entrega del trabajo. Y, a su vez, mi cliente nos invita a asitir al evento. Agradecemos la invitación y asistimos, nos apetece mucho ver el montaje y el evento.

El desastre

Es el día del evento. Saludos, presentaciones, sonrisas, etc. y LA SORPRESA: HAY QUE COLOCAR TODO EL SALÓN. Nos miramos, le hacemos saber que eso no fue lo acordado, que no se pueden hacer las cosas así. Nos pide ayuda, aceptamos sin querer y sin saber muy bien por qué nos metemos en ese follón. Y, a partir de aquí todo es un DESASTRE, no sabemos nada del evento, no sabemos quién es quién, qué vinculación tiene cada persona o grupo con el evento, no tenemos recursos ni personales ni materiales para hacer frente al trabajo en condiciones dignas. Empezamos a mirar el reloj y pedimos a la persona de contacto del espacio que, POR FAVOR, nos preste unos bolígrafos y nos done unos folios.

Sin tijeras y sin tiempo empezamos a poner nombres (con papeles mal cortados a mano) en los respaldos de las butacas para poder entender el evento, para poder hacer algo del trabajo que se nos pidió.  Y, GENIAL, en ese momento llegan los anfitriones del evento, que se llevan las manos a la cabeza y empiezan a rondarnos y a hablar entre ellos a nuestro lado, con miradas de desagrado. Vemos como se van sucediendo llamadas telefónicas cargadas de tensión y al poco tiempo empiezan a llegar los responsables que han sido llamados, hasta el jefe-jefe que no da crédito.

Buscando soluciones

Nosotras somos conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor pero no tenemos respuestas…, ni tiempo para pararnos. Nuestro enfado y frustración aumentan por segundos. El jefe-jefe habla con mi cliente y, ¡BINGO! estamos vendidas, ha dado mi nombre, lo escuchamos las dos y entendemos que desde ese momento somos las responsables del evento y me veo en la obligación de asumir que todo lo que está pasando es por mi CULPA.

Yo ya he quedado mal delante de todo el mundo y, encima, me siento responsable (y culpable) del MALÍSIMO rato que está pasando mi colega que lleva horas arrepintiéndose de haber aceptado la invitación.

Llega el momento, la tensión es tal que los anfitriones del evento no pueden más, se dirigen a mí para pedirme explicaciones y mostrar su descontento, por la poca profesionalidad que estamos demostrando y dejarnos claro que somos unas incompetentes. ¿Qué hago? ¿Le cuento la verdad y nos enzarzamos en una acalorada discusión sobre quién tiene o no «culpas»? Opto por escuchar, tratar de tranquilizarle, en la medida de lo posible, y terminar rápido la conversación para callar y trabajar.

Preparación y alianzas

¿Nuestro aliado durante el proceso de organización? El gabinete de protocolo de la Xunta de Galicia, pues el presidente estaba entre los asistentes, que se muestran comprensivos y colaborativos, como siempre.

Los asistentes comienzan a llegar, las azafatas tienen dificultades para sentar a la gente donde se les indica, el chorreo de gente no cesa, autobuses, coches… SON MÁS DE LO QUE ESPERÁBAMOS, no es posible, no caben, no hay espacio, se tiene que quedar gente de pie.

Llega el presidente de la Xunta de Galicia, se apagan las luces, el evento comienza. Damos por finalizado nuestro “trabajo” y, en ese momento me doy cuenta de me hecho una herida profesional que aun hoy me acompaña sin haber cicatrizado del todo.

Seguro que tú habrías hecho muchas cosas de otra forma, pero fue esta la forma que nosotras encontramos para poder salir adelante ese día.

Espero que te sirva de algo.

Los errores profesionales no se olvidan fácilmente. Hay que aprender de ellos.

P.D. También tengo clientes satisfechos, si quieres puedes ver nuestra oferta de servicios.

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