La velocidad del Protocolo

Así como el Derecho va por detrás de la sociedad, porque pasa mucho tiempo antes de que una necesidad o protección de un derecho se regule y transforme en norma o sanción, debido a los trámites previos a su aprobación que habrá ir superando, el Protocolo va a la par de la sociedad de cada momento.

Es, precisamente, la frescura del protocolo la que lleva a que su avance se produzca, aunque con frecuencia, a través del enfrentamiento o choque intergeneracional, porque cuando la juventud tiene la necesidad de dejar su impronta social se enfrenta al sistema establecido, llevando las normas de conducta y de imagen a términos desconocidos e inquietantes para el resto de la sociedad, que se refugia en la tradición y el conocimiento aprendido y heredado.

Es en este choque intergeneracional en el que se verá hasta qué punto esas «innovaciones» son modas efímeras o se convierten en un nuevo paradigma.Y, aun en los casos en los que se pueda afirmar que estamos ante un cambio de las normas, no significa que sea un proceso fácil, pues aun cuando la «sociedad», como concepto abstracto, esté preparada para asumir el cambio o la innovación, a nivel individual habrá personas, incluso colectivos, a quienes les costará mucho aceptarlo y, mucho más, asimilarlo.

Los cambios e innovaciones protocolarias son relativamente ágiles pero, no necesariamente fáciles.

Las normas, el comportamiento correcto, la forma de relacionare y los cánones de imagen aceptados, se enseñan en los entornos sociales más cercanos, hasta que llega el miembro rebelde o excéntrico del grupo o de la familia a romper los esquemas del entorno, dando lugar al inicio del conflicto.

Habitualmente, las personas pioneras en el establecimiento de cambios arraigados, van a sufrir y a hacer sufrir, por la falta de entendimiento ante algo que se está quedando obsoleto.

El punto crítico es cuando el cambio se ha impuesto en la sociedad pero, todavía no ha calado a nivel individual, de ésta forma se produce el descontento en quien todavía se resiste a aceptarlo , pudiendo quedar en una disconformidad interna, que tratará de disimular con mayor o menor éxito o el enfrentamiento directo, que en función de su gravedad, puede llegar a que el resto del entorno se vea en la obligación de posicionarse. De esta manera, se ve como se puede llegar a consecuencias, muchas veces tristes, ante la intransigencia. El cambio y sus consecuencias llevan al aprendizaje social y cambios de conducta, hasta su real aceptación.

Así, cuando el cambio ha conseguido instalarse en la sociedad, calando es los niveles más pequeños, es cuando al llevar la vista atrás, hay que hacer el esfuerzo de contextualizar para comprender cosas incompresibles.

Tradición como refugio, valor seguro y salvaguarda del éxito social.

El cambio de la tradición lleva al cambio de la cultura.

Vemos pues que el paso del tiempo nos lleva una y otra vez a un mismo escenario, en que lo lo antiguo quiere permanecer y lo nuevo hacerse paso. Una lucha de poderes entre lo que tiene que cambiar y lo que debe permanecer.

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